Todo comenzó allá por 1995… hace ya más de 20 años! Me enviaron por trabajo a Tánger y Casablanca para asistir a un encuentro de empresarios españoles y marroquíes. Todo lo que veía, y las gentes que conocía, a pesar de ser tan diferentes, me resultaban familiares. Como si alguna fuerza extraña me trasladase a un pasado común, como si mis ancestros hubieran formado parte de esos lugares. Lo veía en el arte, en los jardines, en la presencia del agua, de las flores, de las frescas sombras, de la forma de tomarse la vida tan similar a los andaluces…
Al poco me surgió la posibilidad de trabajar en Marruecos y allí me trasladé, aún soltero, a su capital económica, Casablanca, y que utilicé como base para recorrer el país y conocerlo profundamente. He de decir que Marruecos rezuma arte, cultura y tradición, pero su pasado esplendoroso aún no está igualado, ni se le acerca siquiera, por su presente.
De retorno a Sevilla, después de 2 años intensos en Marruecos, me surgió la posibilidad de convertir en Hotel un antiguo palacete casi pegado a la Iglesia de la Macarena, donde cuenta la leyenda que el Rey poeta Almutamid pasaba las veladas con su querida Rumaikiyya a escondidas de su padre, Almutadid, Y así, uniendo el esfuerzo de los mejores artesanos de ambos lados del estrecho, conseguí reformar la casa para convertirlo en un lugar mágico, lleno de colores, aromas y tranquilidad, donde también Rosita, la cocinera, se encarga de elaborar las mejores tapas y platos de Sevilla.

Rafael Carrión Amate, Sevilla.