Me sigue gustando que las cosas ocurran, siempre me gustó. La sensación de tener un sueño y ponerme manos a la obra para cumplirlo ha sido una de las experiencias más inolvidables de mi vida. Sacó de mí mi mejor yo y empecé a dar forma a ese anhelo de crear un espacio para que el viajero se sintiera como en casa, para que desconectara del ruido y se conectara con los sentidos.
Tetuán se me antojó el mejor escenario para ello, auténtico y genuino, un lugar que te transporta a la esencia. Sin maquillajes. Tal y como es. En una casa llena de luz, sin duda debía llamarse Blanco Riad y debía irradiar esa paz y sosiego que yo ya sentía al verla medio en ruinas. Me la imaginé con una fuente dando la música de fondo y con interesantes huéspedes compartiendo experiencias y convirtiendo este mundo en un lugar más ancho, donde cupieran todo tipo de lenguas, de razas, de costumbres, de tendencias. Ése es Blanco Riad, el lugar que yo siempre imaginé y que cobra su pleno sentido cuándo personas que no se han visto antes se sientan en la pequeña biblioteca y tomando un indispensable té a la menta descubren que tienen tantas cosas en común.

Maribél Jiménez, Tetuán, Marruecos.