Mi primera visita a Marruecos fue a Asilah y el mismo día de mi llegada tomé la decisión de construir un pequeño hotel, de los llamados “con encanto”. Y lo tuve tan claro que unos meses después estaba construyendo lo que luego llamaría Riad Al Alba. Eso se llama amor a primera vista.
El hecho, poco común, de no haber pisado antes en Marruecos me permitió desarrollar el proyecto que quería. Diseñé libre, sin contaminaciones de tendencias dominantes. Y salió lo que salio. Un alojamiento muy luminoso, donde el color blanco es determinante y que hace resaltar las suaves pinceladas de un azul muy marinero. Los arcos dan el toque árabe. Quería que nuestros visitantes se sintieran como en casa y a tenor de los comentarios que he leído y escuchado, parece que lo conseguí. No sé como, pero lo conseguí.
Asilah me enamoró. Pero eso no fue suficiente. La decisión también se fundamentó en su condición de pueblo marinero, de playas espectaculares, limpio, tranquilo y bien situado. Cerca del aeropuerto y puerto de Tánger, con una excelente autopista que nos hace estar a “tiro de piedra” de Tánger, Tetuan, Chefchaouen, Rabat o Fez y en la ruta del desierto.
Y lo que nunca imaginé, por desconocimiento de en donde me metía, es que iba a disfrutar de lo lindo con este proyecto. El mayor placer, que además es el deporte nacional de Marruecos, es que me encanta comunicar. Nuestros visitantes vienen ávidos de saber de un País al que llegan profundamente desinformados o mal informados, que es peor. Mi “misión” es hacerles ver que este Marruecos, su realidad, nada tiene que ver con lo que se dice y escribe por ahí. Y lo pienso después de más de 9 años.

Luis Sanz, Asilah, Marruecos.