Nunca me había planteado escribir sobre porqué decidí abrir Albarnous pero, puesta a ello, me ha hecho mucha ilusión enfrentarme a la hoja en blanco y recordarlo.
Un fin de semana, cenas y comidas compartidas con amigos y familiares y nos surge una idea: ¿y si hiciéramos algo parecido y lo compartiéramos con gente proveniente de todas partes del mundo?. En menos de 48 horas estaba decidido y nuestra inconsciencia nos llevó a cuatro años de persecución de carpinteros, albañiles, herreros… y coordinarles con las ideas de arquitectos, con las limitaciones de las edificaciones en una Medina, con lo que yo pretendía que fuera. Asociar practicidad con diseño, unir sensualidad y transgresión y fundir tradición con modernidad, se me antojaban imposibles deseos que a toda costa deseaba y que transmitía machaconamente a quienes me rodeaban. Tenía claro lo que quería pero me costaba enfrentarme a las decisiones que cada día debía de tomar. Y a pesar de tan difícil reto, quienes participábamos nos entendíamos cada día más y yo veía, como si de una harira se tratara, que los ingredientes iban conformando un plato muy especial: Albarnous.
Cuatro años de esfuerzos consecuencia de esas primeras 48 horas culminaron con un sueño hecho realidad. Hoy, Albarnous nos trae cada día nuevas sorpresas, personas provenientes del mundo entero con quienes compartimos todo lo que tenemos con el deseo al que nos hemos consagrado y que no es otro que el de satisfacer a quienes nos visitan. Hoy puedo decir que Albarnous me ha devuelto mucho más de lo que le he dado y cuando miro atrás y recuerdo aquellas 48 horas de la decisión, las recuerdo como si hubiera vuelto a nacer y comenzado a vivir la vida que deseaba.

Farida Abenchikar, Tanger, Marruecos.