Encontraba a faltar en mis viajes por Marruecos, después de recorrer el país de Norte a Sur, un lugar dónde se pudiera saborear el paso del tiempo, dónde la calma del entorno coincidiera con el sosiego que uno necesita en la experiencia de un viaje por un país, dónde los sentidos se amplían, los sentimientos afloran, y dónde el conocimiento de la rica cultura árabe, demanda atenta observación.
Un pequeño pueblo de pescadores blanco y azul, sentí que reunía estas característica, Asilah. Porque cuando uno la descubre no se cansa de volver a ella buscando serenidad y paciencia, entre las hermosas callejuelas de su limpia y pintoresca medina y la sonrisa amable de sus gentes.
No sé muy bien si elegí el lugar o el lugar me eligió, pero tuve la clara certeza de que era en Asilah dónde podía crear ese espacio que siempre había soñado como viajera, un espacio con sabor a hogar, tranquilo, sereno, armonioso, dónde el viajero se sintiera acogido, y a la vez recogido, en esa calma que permite saborear las experiencias de lo que uno descubre y se descubre.
Con ese espíritu y objetivo se creó Dar Manara.

Ana Caballero, Asilah, Marruecos.